Mirando al País Vasco desde Andalucía

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Léase en términos de comunicación. Lo del titular, queremos decir. En el presente post volveremos la mirada a esa comunidad norteña desde la nuestra, la más sureña. Nos sentimos capacitados y legitimados para hacerlo. ¿Por qué? Pues porque tenemos lazos emocionales y empresariales con aquella tierra, en concreto con Mikel Pulgarín como consultor asociado, que además dirige nuestra nueva oficina en Bilbao. Unas relaciones ciertamente satisfactorias, cabría añadir. Nuestra firma, Talento Consultores de Comunicación, opera en Andalucía y también en el País Vasco. Así que, con el permiso de ustedes, reflexionaremos sobre ello. Pero solo en el terreno de la comunicación, insistimos.

Entramado empresarial

A diferencia de Andalucía, mal que nos pese, el País Vasco ha conformado a lo largo de los siglos un espacio peculiar y muy eficaz de relaciones económicas, sustentado en un entramado empresarial muy potente, integrado por decenas de miles de pequeñas y medianas empresas muy conexionadas entre sí y soportadas por un destacado número de grandes compañías que han ejercido una función tractora. Todo ello cimentado en un sector industrial muy activo, vinculado a un sector financiero propio que facilitó la financiación necesaria para acometer la industrialización, que demanda en su entorno servicios múltiples, desde los más convencionales a los más avanzados, como es el caso de la comunicación estratégica. Ello ha hecho posible el surgimiento, a lo largo de los años, de empresas de comunicación orientadas inicialmente a prestar servicio al mundo industrial, para –con posterioridad y con el nacimiento de la nueva Administración Autónoma Vasca– dar después cobertura comunicativa al entramado institucional.

Tanto en el País Vasco como en Andalucía, la crisis económica y financiera, con sus efectos en la economía real, y de manera especial en la actividad empresarial, ha afectado de forma coyuntural, y también estructural, tanto al perfil como a la operativa del sector de la comunicación empresarial. Los múltiples recortes inversores que han tenido lugar en el mundo de la empresa han afectado de manera singular a los proyectos de comunicación vinculados a este campo. Ello ha provocado la desaparición de un buen número de empresas del sector de la comunicación, la reducción del tamaño y de la capacidad de servicio de otro porcentaje importante, el decrecimiento de la actividad en la práctica totalidad del colectivo, la reducción drástica en la facturación y el repliegue estratégico-operativo de gran parte de las compañías que operaban en el mismo.

La ley de la selva

El escenario resultante de ese proceso se caracteriza por presentar un sector oferente de servicios vinculados al mundo de la comunicación muy menguado en sus dimensiones y capacidades, configurado por un reducido número de compañías de tamaño significativo (en muchas ocasiones relacionadas con implantaciones multinacionales) que, a pesar de la disminución que ha experimentado en sus estructuras, siguen teniendo capacidad de proseguir e incluso incrementar su actividad, la desaparición de una buena parte de empresas, sobre todo pymes, que operaban en el mismo, y el surgimiento de un amplio colectivo  de “autónomos”, profesionales contratados por cuenta ajena que han hecho frente a la pérdida de sus puestos de trabajo poniendo en marcha proyectos cuasi personales en régimen freelance. Y todo ello en un contexto de progresiva caída de los honorarios por servicios, debida fundamentalmente a una contracción de la demanda y a la desestructuración de la oferta, en la que impera el “sálvese quien pueda”, el intrusismo, la tirada de precios y la competencia desleal. O lo que es lo mismo, “la ley de la selva”.

Esos factores han generado una situación de cierto desconcierto, en la que la capacidad de servicio de las empresas de comunicación se ha visto afectada, en su forma y en su fondo, con una contracción tanto de la dimensión como de la actividad del sector, con una reducción generalizada y, salvo algunas excepciones, del negocio, con una potencial clientela que dilata en el tiempo y pospone sus inversiones en comunicación, y con las miradas puestas en la recuperación económica que haga posible retomar, aunque sea parcialmente, la actividad previa a la crisis.

Dentro de esos parámetros, comunes para el País Vasco y Andalucía, la menor virulencia de la crisis económica en el primero de los ámbitos, sobre todo con su menor afección sobre el empleo, ha influido en que el sector de la comunicación en la Comunidad Autónoma Vasca haya padecido con menor intensidad las incidencias de la situación, y que por lo tanto esté en mejor disposición de salir antes de la misma y de afrontar con mayores garantías los retos que surgirán una vez superada la actual coyuntura.

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