El naming, mucho más que un nombre

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Nombres propios, acrónimos, juegos de palabras o, incluso, conceptos de uso diario. Si miramos el top 100 de las marcas más prestigiosas del mundo, veremos que no existen semejanzas en sus títulos. El único denominador común es que han conseguido cautivar al público con él. Han construido una determinada imagen en torno a él. Y el consumidor, con solo escucharlo, lo desea adquirir.

Cuando los medios de comunicación, el packaging o la publicidad se hagan eco de nuestra firma, sus productos o servicios, lo más escuchado, visto, pronunciado y leído será su nombre. Mucho más que un logotipo o cualquier campaña que se realice. Este es nuestro DNI. Nos representa, identifica y diferencia. Dice quiénes somos y qué queremos. Por eso un momento clave en la concepción de una marca, primer hito en su comunicación, será su propia denominación. El naming. Fase clave en el proceso de creatividad. Pues dependiendo de cómo se designe, el mensaje general calará más y mejor en la audiencia que lo reciba.

Son años de sacrificio y esfuerzo los que hacen que una buena idea se convierta en una gran empresa. Solidificarla no es algo sencillo. El camino va a estar marcado por diferentes factores. Algunos más determinantes que otros. Por ejemplo, un problema de fábrica o de embalaje puede ser un traspié importante para el negocio. Es obvio. Pero si se actúa rápido todo tiene solución. Al igual que una campaña de publicidad desafortunada. Con el respaldo de un buen plan estratégico, el impacto puede rectificarse. En cambio, el nombre seleccionado para este, una vez se lance al mercado, ya no tiene vuelta atrás. Es irrevocable.

Muchas veces nos centramos en las características de nuestros productos y servicios para diferenciarnos de la competencia. Pero olvidamos que, en la mayoría de los casos, el cliente no compra artículos, compra marcas. Imágenes mentales. De ahí que sea tan importante que al escuchar el nombre de esta, se identifique rápidamente con lo que ofrece.

No existe una fórmula matemática para encontrar el naming perfecto. A veces, es producto de la casualidad. Otras, el resultado de horas y horas de trabajo creativo. Pero, aunque en ocasiones parezca que no tienen mucha lógica, lo cierto es que detrás de él hay un esfuerzo incalculable. Nada se deja al azar. Para que nos hagamos una idea, en España se registran casi 45.000 nuevas empresas al año. 45.000 nuevos nombres de los que apenas solo un pequeño porcentaje llega a ser conocido por el público. De ahí que incidamos en la necesidad de diferenciarnos. Ser únicos. Memorables. Eso sí, aunque el nombre elegido sea el primer paso para triunfar, estos realmente se llenan de contenido y significado con el paso del tiempo. No bajes la guardia y recuerda siempre este último detalle.

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