De coca-colas, compromisos e imágenes responsables

¿Cuándo se ha visto que una marca rechace su propio producto en un anuncio publicitario? Pocas son las afortunadas que pueden permitirse ese lujo. Está claro. Pero hay algunos casos aislados. Entre ellos, el último spot de Coca-Cola. Un niño dice abiertamente que no le gusta esta bebida. El motivo de dicha estrategia es posicionarse frente a sus competidores como algo más que un refresco. En realidad, mucho más. La multinacional deja en un segundo plano las ventas y le cede todo el protagonismo a la proyección de la imagen de compromiso con la sociedad que la rodea, la cultura, la educación y el medio ambiente.

Este es, sin lugar a dudas, un claro ejemplo de cómo se comunica la responsabilidad social corporativa de una empresa. Antes, todos los esfuerzos se centraban en el foco comercial. Pero la concepción del mundo actual ha propiciado un cambio de rumbo. Las exigencias de un sector muy competitivo han provocado que las empresas no solo miren por sus ventas, sino por la imagen que transmiten.

Los beneficios de una entidad, al menos ahora, no se pagan a cualquier precio. Es impensable. Su crecimiento empresarial debe estar enmarcado en un escenario sostenible, respetuoso y ético. Una serie de obligaciones y compromisos con su entorno social, laboral o medioambiental, entre otros. Desde hace algunos años, estas acciones forman parte de la estrategia de negocio de toda marca que se precie.

En cualquier caso, la apuesta por la RSC implica una revolución integral de la gestión de la empresa. Nueva filosofía y renovada cultura corporativa. Todo para, en definitiva, mejorar el posicionamiento de la marca. Hay que satisfacer las expectativas del público. Este está esperando algo más que un producto. Aguarda la contribución al desarrollo de la sociedad.

Quizá los beneficios a corto plazo no sean tan sobresalientes, pero a la larga la inversión se verá recompensada con un cliente fiel. Pues aumenta la credibilidad y la confianza, además de mejorar la visibilidad de la marca.

Ahora bien, la forma en la que se transmite o se proyecta esta imagen tiene un papel fundamental. No solo hay que aplicar políticas responsables, sino que hay que darlas a conocer a la opinión pública. Los retos son crear conciencia, definir el mensaje y realizar acciones concretas de marketing y comunicación. El resultado: un impacto positivo, una mejor percepción y una excelente valoración.

 

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