La Navidad hay que saber venderla

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Cuando los sociólogos, antropólogos y demás ólogos dedicados al estudio de la conducta del individuo en sociedad afirman que vivimos en la era de la comunicación no lo dicen por decir. La prueba radicalmente irrefutable llega con la Navidad. Navidad es el 25 de diciembre, pero ese concenso desapareció, probablemente, el día que nació el marketing. Publicidad en su partida de nacimiento.

¿Cuándo empieza la Navidad?

La Navidad ya no es solo paz y amor. Es un sentimiento moderno que surge de forma individual en función de cuándo le cala a cada uno el mediometraje de la Lotería, el cada vez más escueto anuncio del champán o el inalterable spot del turrón de chocolate. Amén de los matinés de las jugueterías. El marketing navideño introduce la Navidad, haga o no haga frío, cuando empieza el otoño. De hecho, un estudio realizado por Google ha comprobado que el 26 por ciento de las compras para esos días se realizan durante el mes de octubre.

Desde el punto de vista empresarial, la Navidad es Paz, Amor y del 20 al 40 % del total de sus ventas anuales actualmente.

Por ello, un buen marketing en estas fechas es, no solo fundamental para los beneficios anuales en términos económicos, sino una de las mayores oportunidades del año para crear una buena imagen de empresa de cara a potenciales consumidores.

¿Qué elementos debe tener una campaña de marketing navideño?

Mensaje

Es obvio que son fechas asociadas a la familia, el amor, compartir, etc. Prueba de ello son el arrebato de cariño que promueven las comidas familiares y con amigos aunque no los veas en los doce meses anteriores o las cenas de empresa para estrechar lazos. Es una sugestión. Una hipnosis. Y las palabras claves para entrar en ella son, además de las dichas, paz, prosperidad y todo lo que tenga una connotación positiva. No hay que olvidar al público más pequeño y usar los recursos clásicos como los Reyes Magos, Papá Noel o los regalos.

Hay campañas que han conseguido calar en la memoria colectiva gracias a una frase en la que cabe todo esto. Como la de ONCE, “esta Navidad regala ilusión”, o El Almendro, “Vuelve a casa por Navidad”. Tanto que ni siquiera ha hecho falta recurrir a una búsqueda de Google para referenciarlas.

Hazlo con tiempo

Como hemos dicho, la Navidad empieza cuando las campañas de comunicación aparecen. No podemos esperar a la semana antes de Nochebuena para empezar a vender turrón. Al terminar el verano, a excepción del Black Friday en los últimos años, no hay más picos de ventas señalados. Es desde ese momento desde el que hay que empezar a diseñar una estrategia. Saber lo que vamos a decir y cómo. Identificar el perfil del cliente, la situación social, etc. En definitiva, encontrar el camino antes de que llegue el día de empezar a andarlo. Y, por supuesto, llegar los primeros.

Marketing online

La comunicación a través de redes sociales o e-mails es una de las más efectivas y de menor coste. Esta es una de las mejores estrategias y de menor coste. Desde una newsletter a diseños para Facebook o Instagram. Una estrategia llamativa con la que el público pueda identificarse te hará ganar seguidores en estas plataformas que estarán al día del resto de tus campañas durante los otros diez meses desde ese momento, generando contactos y una mayor difusión.

Desde el teléfono

Las compras desde aplicaciones móviles son una tendencia cada vez más extendida entre los consumidores. Los expertos recomiendan abrazar este sector y hacer hincapié en su comunicación. El año pasado, el e-commerce supuso el 37 % de las ventas de Navidad, y se espera que este año sea “el más online de la historia”.

Más allá de la comunicación

La Navidad son los detalles. El lazo que pongas al regalo, las velas sobre la mesa en Nochevieja o el muérdago en el umbral de la entrada al comedor. Es el tipo de gestos que hay que buscar en la comunicación offline. Un packaging especial, descuentos por la fidelidad durante el año…

Pequeños detalles que dicen sin palabras qué tipo de empresa eres y cómo valoras a tus clientes.

Un año, en una era fuertemente marcada por el rápido avance de la tecnología, es mucho tiempo. El comportamiento del público se adapta con facilidad a las nuevas tendencias y las empresas deben no solo llevar ese ritmo, sino marcarlo. Los elementos tradicionales de cada fiesta solo servirán si sabemos integrarlos junto a los que rigen la conducta del consumidor durante el resto del tiempo.

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