Sí, consultor, y no te estoy hablando en chino

Consultor

Ahora todo el mundo quiere tener un cargo, un puesto, y si es en inglés, muchísimo mejor. Cada vez hay más perfiles profesionales activos, las bases de datos se reinventan y la publicidad ya no sabe dónde meterse. No es por excusarnos, pero el consultor lleva existiendo desde hace mucho tiempo, casi desde antes de los romanos. O no es verdad acaso que, a lo largo de la historia, todo apoderado ha tenido alguien a su vera a quien poder consultar, valga la redundancia. Alguien de quien se espera un buen asesoramiento en cuanto a gestión y producción se refiere.

A partir de aquí, se abre un debate generacional. El consultor con ‘canas en la barba’, que lleva trabajando en el sector no se sabe cuánto tiempo, experimentado y con una capacidad de recursos enorme. Por otro lado, el nuevo becario o consultor junior y, si lleva ya de prácticas más de dos años, sénior. Está claro que el bagaje no hace necesariamente al consultor pero, en definitiva, sería raro contratarlo sin experiencia.

El buen consultor es un compendio de actitudes que van desde las adquiridas a través de la toma de decisiones  y la gestión de proyectos a lo largo de su trayectoria profesional, las reconocidas gracias a estudios superiores relacionados y las que se encuentran implicadas en su ser. Dejando a un lado los pros y los contras de un experto y un recién llegado, que parecen evidentes no sólo en este mundo sino en cualquier posición que requiera cierta responsabilidad, un consultor es el que aporta soluciones. La escucha se convierte en primordial y ojo con perder la paciencia con proveedores y anunciantes.  Entender cuál es el problema, valorar alternativas y tomar la decisión correcta (y la más rentable) para la empresa es su pan de cada día.

Ahora bien, si no te gusta tu trabajo, estarás perdido entre reunión y reunión deseando que acabe tu jornada.

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